Los tests genéticos no invasivos reducen las amniocentesis y el riesgo de perder el feto

Los expertos en reproducción asistida discuten la eficacia de la transferencia embrionaria en diferido
Herramientas
|
24 abr 2015 - 16:00 h
|

Los últimos avances en genética reproductiva y regenerativa, el papel que juega la endometriosis en la reproducción asistida, la preservación de la fertilidad o las perspectivas de futuro en el ámbito de la medicina reproductiva son algunos de los temas destacados del VI Congreso Internacional del IVI (Alicante, 23-25 de abril).

Así, respecto al camino que sigue la reproducción asistida (RA) y cuáles han sido los progresos en genética reproductiva, el director del Departamento de Diagnóstico Molecular de Iviomics, Julio Martín, ha explicado a GACETA MÉDICA que las tendencias en RA “persiguen ofrecer un tratamiento altamente personalizado para optimizar las opciones reproductivas de cada mujer o pareja” y ha precisado que los avances se suceden de manera simultánea en diversas áreas que engloban desde la cirugía nuevos conceptos de estimulación ovárica y análisis de la receptividad endometrial. En relación con la genética, Martín ha indicado que las últimas mejoras se encuentran en “la implementación de pruebas genéticas diagnósticas o de cribado basadas en nuevas tecnologías de secuenciación, cuyo objetivo es aumentar las opciones reproductivas de los pacientes teniendo siempre en mente la salud de la descendencia”.

Actualmente, existen líneas de investigación abiertas encaminadas a tratar de comprender de qué manera afecta el ambiente, los hábitos de vida de la madre y las nuevas tecnologías a las generaciones futuras. “La estrella aquí son los estudios sobre epigenética, aquellas marcas químicas sobre nuestro ADN que pueden causar patologías”, ha resaltado.

Asimismo, los tests genéticos no invasivos —generalmente, realizados a partir de la décima semana de gestación— intentan detectar y cuantificar el ADN del feto que circula libremente en su plasma. “Los datos obtenidos permiten detectar si el feto que lleva esa mujer embarazada es portador de ADN extra o le falta ADN para un cromosoma concreto”. ha apuntado. Una información que, ha proseguido Martín, permite a la madre “tomar decisiones acerca del futuro de su gestación”. La principal aportación de estos tests es que debido a su alta sensibilidad o tasa de detección de cromosomopatías, “el número de mujeres que necesitan someterse a amniocentesis es significativamente menor y, por consiguiente, se evita el riesgo de perder al feto”, ha asegurado.

Vitrificación

A su vez, la ponencia de la directora del Laboratorio de Criopreservación del Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI), Ana Cobo, ha versado sobre la alta eficacia de la vitrificación, ya que, como ha dicho la experta, “asegura la ausencia de daño celular por formación de cristales, lo que explica el altísimo índice de recuperación de embriones intactos tras el proceso”.

Al tener un número ‘x’ de embriones vitrificados, se puede conseguir “un incremento considerable en las tasas acumuladas tras la realización de las sucesivas transferencias de embriones vitrificados”, ha agregado, al tiempo que ha advertido de que esta técnica resulta “útil” en los programas de Diagnóstico Genético Preimplantacional (DGP) porque permite vitrificar los embriones con garantías de éxito mientras se esperan los resultados del análisis genético.

Aparte, también ha hablado sobre “la alta eficiencia” de este proceso, que ha permitido “la transferencia diferida de embriones” — no realizar la transferencia embrionaria en fresco, sino en un futuro—. “Esta estrategia resulta de gran utilidad en ciertas circunstancias clínicas que pueden alterar el endometrio o cuando la transferencia en fresco está contraindicada debido al riesgo de padecer el síndrome de hiperestimulación ovárica (SHO)”, ha añadido.

Actualmente, ha indicado Cobo, “existe un gran debate acerca de la verdadera eficacia de esta estrategia, ya que quienes apuestan por ella sostienen que la transferencia en condiciones ‘más fisiológicas’ aumenta las posibilidades de implantación” y, aparte, “existen evidencias de que el riesgo obstétrico sería menor”. Lo que está claro, ha subrayado, es que este procedimiento “asegura que el potencial de implantar de los embriones se conserva intacto”.

Más allá de los 38 años

Finalmente, la estadounidense Linda Giudice, catedrático de Obstetricia, Ginecología y Ciencias Reproductivas de la Universidad de California (San Francisco), ha señalado que hoy en día se trata de encontrar nuevos métodos diagnósticos no invasivos o menos invasivos que los actuales para detectar enfermedades peritoneales.

Giudice ha alegado que la mayoría de las mujeres o parejas que quieren formar una familia, terminan consiguiéndolo, gracias a las técnicas actuales de fertilidad y a la posibilidad de adoptar. Además, ha manifestado que apoya la vitrificación de ovocitos entre los 35 y 40 años y, en concreto, su recomendación ha sido que todas las mujeres mayores de 38 años congelen sus ovocitos.

A su vez, el experto en reproducción asistida Mats Brännström, ha hecho hincapié en que el trasplante de útero es una solución todavía en fase experimental pero que ya ha dado sus resultados positivos en cuanto a nacimientos en aquellos casos donde la ausencia de útero desde el nacimiento, la pérdida del mismo tras histerectomía o su falta de funcionalidad en términos reproductivos se convierten en causas de infertilidad.

Otro de los temas que se han abordado durante el VI Congreso Internacional del IVI fueron los avances producidos en el campo de la genética y la epigenética y cómo ambas ciencias contribuyen al desarrollo de un bebé sano y a que este llegue a la edad adulta libre de enfermedades.

Así, el estudio The maternal origins of adult disease. The womb may be more important than the home (El origen materno de enfermedades de adultos. El útero puede ser más importante que el hogar) del investigador Felipe Vilella, pone de relieve cómo el endometrio puede secretar moléculas específicas que son capaces de modificar transcriptómicamente al embrión, dando lugar a una posible modificación epigenética en la edad adulta.

“Este hallazgo muestra que existe un intercambio entre el endometrio y el embrión, en el que el endometrio puede inducir que en el embrión se expresen o se inhiban funciones específicas dándose lugar a modificaciones epigenéticas que nos muestra el proceso de transmisión de enfermedades como la diabetes o la obesidad”, ha explicado Antonio Requena, director médico del Grupo IVI. De este modo, ha puntualizado, que esta investigación abre la puerta a poder evitar este tipo de enfermedades siempre y cuando su causa sea epigenética. Este intercambio epigenético ocurre también en embarazos en los que el óvulo es donado, ya que es un diálogo que establece el endometrio materno con el embrión en la fase de implantación, sin importar el origen genético del embrión.

e-planning ad
Twitter
Suplementos y Especiales