MicroRNAs y SNPs predictivos de riesgo de progresión rápida en artrosis

Tres miRNAs como marcadores de gravedad y ocho polimorfismos que detecta el primer test de saliva
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13 jun 2014 - 16:00 h
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Los microRNAs empiezan a copar buena parte de la investigación y resultan prometedores en varias patologías no sólo como tratamiento, sino como potenciales biomarcadores predictivos. Éste último caso correspondería a su uso en osteoartritis, después de que en el Congreso Europeo de Reumatología (Eular) se haya presentado un estudio que correlaciona la presencia de miRNAs en la sangre y el desarrollo de artrosis severa en la rodilla o la cadera.

Tal y como presentó su autor principal, Christian Beyer, de la Universidad de Erlangen-Nuremberg (Alemania), “por primera vez vamos a ser capaces de predecir el riesgo de osteoartritis grave, antes de que la enfermedad comience a afectar significativamente la vida de una persona”.

En el estudio se examinaron muestras de suero de 816 pacientes con la patología, a los que se realizó un seguimiento durante 15 años y se midió la presencia de 374 miRNAs, así como la evolución de la enfermedad. En concreto, 67 pacientes fueron sometidos a uno o más reemplazos articulares totales de rodilla o de cadera, y en sus análisis se pudo vincular esta progresión desfavorable a tres moléculas de miRNA: let-7e, miR-454 y miR-885-.

En el campo de la genética también empiezan a materializarse los avances para individualizar el tratamiento de la artrosis. Si los tres microRNAs presentan potencial, un estudio liderado desde el Instituto Poal de Reumatología de Barcelona ha identificado ocho polimorfismos genéticos asociadas a la progresión de la artrosis de rodilla severa, relevantes si se tiene en cuenta que es hereditaria en un 40 por ciento.

Como explica Ingrid Möller, directora del citado centro e investigadora principal del estudio, los pacientes se clasificaron en dos grupos dependiendo del buen o mal pronóstico, y se analizaron 774 SNPs (Single Nucleotide Polymorphisms). Además, se registraron los datos de variables clínicas como potenciales predictores.

Los ocho SNPs son: rs2073508, rs10845493, rs2206593, rs10519263, rs874692, rs7342880, rs780094 y rs12009, que contribuyen en un 78 por ciento en la capacidad predictiva del modelo Arthrotest —primer test genético en saliva que calcula la predisposición genética del paciente, desarrollado por Bioibérica—. El 22 por ciento restante se explica por la edad en el momento del diagnóstico de la artrosis, que es la otra variable contemplada por el modelo.

De esta forma, el Eular ha sido el escenario de presentación de estos datos, hasta ahora desconocidos por encontrarse en proceso de patente (ver GM Nº 419).

Entre los resultados, cabe destacar que el SNP rs2073508 en el gen TGFB1 —clave en el metabolismo de los condrocitos artrósicos— y el SNP rs12009 en el gen GRP78 —involucrado en el metabolismo de la glucosa— han sido los más influyentes en el potencial predictivo del modelo.

Además, según detalla Möller, por primera vez se ha establecido una relación directa entre el gen GCKR2 —vinculado a diabetes tipo II— y la artrosis o su progresión, un gen que contiene uno de los SNPs identificados, el rs780094.

Artritis reumatoide

Otro estudio español, liderado por el Hospital Gregorio Marañón de Madrid y el Hospital Clínico de Mérida, ha investigado el posible papel de las terapias biológicas en los cambios de fenotipo de las células B —implicadas en la etiopatogenia de la artritis reumatoide—, y por tanto en su proceso de supervivencia en los pacientes. Así, en un estudio longitudinal con 39 casos con AR han analizado distintas rutas de las células B en la respuesta a fármacos biológicos dirigidos a tres dianas: antiTNF (infliximab, adalimumab y etanercept); anti-IL6R (tocilizumab) y anti-CTLA4 (abatacept).

De momento, los resultados sugieren que el efecto regulador (denominado TACI) sobre el fenotipo de células B fue más evidente en los grupos de tocilizumab y abatacept, pero sobre todo aconsejan la monitorización de estas células para comprender el papel de sus receptores específicos y prever la respuesta clínica a las terapias biológicas.

Según explica Luis Carreño, jefe del Servicio de Reumatología del Gregorio Marañón y firmante del estudio, “la inactivación de las células B no será la estrategia definitiva, pero de momento hay que bloquear las rutas conocidas”. Aunque el reto es impedir la aparición de la enfermedad, en la actualidad se ha pasado de tratar las manifestaciones clínicas a intervenir en vías moleculares que frenan su desarrollo.

Durante el congreso se ha presentado el primer estudio internacional que analiza la adherencia terapéutica en seis enfermedades inflamatorias autoinmunes crónicas. Realizado en 33 países, como detalla su investigador principal, John Weinman, del Institute of Pharmaceutical Science ( King’s College, Londres), se ha comparado las actitudes de 7197 pacientes respecto a los inhibidores del TNF versus los tratamientos convencionales, utilizados en monoterapia o en combinación, para tratar la artritis reumatoide, la espondilitis anquilosante, la artritis psoriásica, la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa o la psoriasis. Según la escala de adherencia a la medicación de Morisky (MMAS-4), los pacientes que reciben antiTNF son más cumplidores. También influye que el paciente acepte la terapia y no se muestre “ambivalente”.

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