TDM-1, primer anticuerpo conjugado para cáncer de mama

La combinación del biológico trastuzumab y la quimioterapia emtansina acaba de llegar a España
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03 jul 2015 - 16:00 h
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Hace tres años, los datos del anticuerpo conjugado compuesto por el biológico trastuzumab (T) y el citotóxico emtansina (DM1), para el tratamiento del cáncer de mama HER2+, protagonizaron una de las sesiones plenarias del 48º Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica. Con una tasa de respuestas cercana al 70 por ciento, una supervivencia libre de progresión de casi diez meses y una supervivencia global (SG) de 30,9 meses, Josep Baselga, jefe del Servicio de Oncología y Hematología del Hospital General de Massachussetts, definió en ese momento este fármaco como “un misil con cabeza atómica”.

Ahora, este “caballo de troya” , como ha preferido definirlo Joan Albanell, jefe del Servicio de Oncología del Hospital del Mar, ya está disponible en España para su “uso normalizado”. Como ha explicado Ana Lluch, jefe del Servicio de Hematología y Oncología del Hospital Clínico de Valencia, este anticuerpo ya se lleva utilizando en España algo más de un año y medio fuera de investigación clínica, pero por uso compasivo. Ahora, con la aprobación por parte del ministerio de Sanidad del compuesto, comercializado como Kadcycla por Roche, tanto Lluch como Miguel Martín, jefe del Servicio de Oncología Médica del Gregorio Marañón y presidente de Geicam, coinciden en señalar que “no debería haber problemas de acceso dado que no hay ninguna duda de su eficacia”.

Pero ¿qué aporta este fármaco a las pacientes HER2+ después de los importantes datos de supervivencia obtenidos con la combinación de pertuzumab, trastuzumab y docetaxel en el ensayo Cleopatra? Un aumento de supervivencia tras la progresión a esa primera línea de tratamiento. Como ha apuntado Lluch, con el tiempo estas pacientes metastásicas pueden “escapar a ese doble bloqueo y hacer metástasis en otras zonas: hígado, pulmón, hueso, ganglios”. Y es aquí donde T-DM1 puede no solo “aumentar el tiempo hasta la progresión en unos diez meses, sino también incrementar la SG”.

Además, pese al fracaso a trastuzumab en primera línea, se ha demostrado que las pacientes continuan expresando HER2, por lo que “seguir bloqueando esta vía aumenta la eficacia del fármaco, tal y como ocurre en cáncer de próstata donde, si no se se mantiene el tratamiento hormonal hasta el final, se producen efectos negativos”, ha destacado Albanell. Así, trastuzumab no solo ejerce como vehículo de transporte, sino que también aporta eficacia.

Más tolerabilidad

Y todo ello sin los efectos secundarios característicos de la quimioterapia, ya que DM1 no se libera hasta llegar al interior celular. “La quimioterapia se mantiene pegada al anticuerpo para circular por la sangre y ese enlace no se destruye hasta llegar al interior celular, gracias al sistema lisosomal”, ha apuntado Albanell, quien ha destacado que mantener estable este enlace era uno de los retos más difíciles en la investigación preclínica del fármaco.Difícil, pero necesario, ya que DM1 es tan potente que no es posible su administración si no es en combinación.

De esta manera, ha enfatizado Lluch, las pacientes no sufren náuseas, vómitos o alopecia y “solo un grado mínimo de cansancio”. Aunque sí es cierto que existe un cierto nivel de “toxicidad de laboratorio” que obliga al control de las pacientes en consulta, esta oncóloga ha subrayado que el tratamiento se puede mantener hasta que “las células hayan perdido sensibilidad a él”, lo cual evita la suspensión del tratamiento por acumulación de toxicidad, algo muy habitual.

Además, Martín ha querido señalar la “oportunidad” que supone este fármaco. Indicado a partir de segunda línea, Martín ha explicado que ahora lo interesante es investigar en nuevas combinaciones con TDM-1y en distintos estadios de la enfermedad. De hecho, señala, ya hay un ensayo clínico terminado del que se están evaluando resultados actualmente que investiga el beneficio de este anticuerpo en estadios precoces de la enfermedad. Asimismo, también se estudian otros anticuerpos conjugados tanto en otros tipos de cáncer de mama como en otros tumores —en linfoma, por ejemplo, ya existe uno—.

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