“Terapias dirigidas e inmunooncología no van a sustituir a la investigación clásica”

ARTURO SOTO Director de Desarrollo Clínico de la compañía farmacéutica Pharmamar
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28 ago 2015 - 15:00 h
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Hacía casi 20 años que no se presentaban resultados satisfactorios en cáncer de pulmón microcítico (CPM), un tipo de tumor muy agresivo con una esperanza de vida media muy corta. En el último Congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), celebrado en Chicago, PM1183, perteneciente a la “segunda generación” de trabectedina (Yondelis), ha demostrado en segunda línea una tasa de respuesta objetiva del 67 por ciento, frente al casi 25 por ciento del tratamiento estándar. Arturo Soto, director de desarrollo clínico de Pharmamar, la compañía que está detrás del desarrollo de esta molécula, explica a GACETA MÉDICA qué significa este hallazgo para la comunidad científica y cuáles son los planes de futuro en investigación de la compañía.

Pregunta. Después de tantos años, ¿qué significan estos datos en CPM?

Respuesta. El problema con el CPM es que el t ratamiento de primera línea que se lleva utilizando desde hace más de 20 años es una combinación de carboplatino y etopósido, un tratamiento al que los pacientes suelen responder, pero durante poco tiempo. En torno a un 80 por ciento de los pacientes tienen una reducción del tamaño del tumor y, por tanto, una mejoría clínica, pero progresan en unos pocos meses. Realmente, la proporción de pacientes con ese tumor que se van a curar ya en un estadio avanzado, si la cirugía no puede resecar el tumor, es nula. En cuanto a la segunda línea, es muy poco eficaz y no se ha descubierto nada nuevo en los últimos 20 años. El último fármaco aprobado en esta indicación es topotecán, cuya tasa de respuestas gira en torno al 20/25 por ciento, pero de nuevo son respuestas de muy corta duración, ya que la mediana de control de la enfermedad es de tan solo tres meses y medio. Con lurbinectedina (PM1183) hemos observado que obtenemos en segunda línea prácticamente la misma tasa de respuestas que se obtienen con la primera línea, concretamente un 67 por ciento de respuestas objetivas, que engloban las respuestas parciales y las completas. Un aspecto llamativo es que las respuestas completas aparecieron en el 10 por ciento de los pacientes, un porcentaje incluso mayor de los que tuvieron respuestas completas en primera línea. Además, estas respuestas fueron también más duraderas, con 4,6 meses de supervivencia libre de progresión (SLP) de media; de hecho, aún hay pacientes que continúan en tratamiento después de un año, lo cual significa que aún no han progresado.

P. ¿Continúa entonces el estudio?

R. A la vista de estos resultados, la idea es comenzar un estudio en fase III, que se convertiría en el segundo ensayo en esta fase con PM1183. El primero, para la indicación de cáncer de ovario resistente a platino, comenzó entre los meses de junio y julio y ya hay un total de siete centros abiertos en Estados Unidos. Este estudio, que evalúa la eficacia de este compuesto solo, sin combinación con nada, pretende reclutar en los próximos 16 meses a más de 400 pacientes de 13 países: 12 países europeos y Estados Unidos. En cuanto al periodo de seguimiento, va a variar dependiendo de los eventos que se produzcan. Sería buena noticia que tardáramos mucho porque significaría que a los pacientes les está yendo muy bien el tratamiento, pero esto retrasaría la disponibilidad de los datos y la elaboración del dossier de registro.

P. ¿Cuánto aumenta PM1183 la supervivencia en estas pacientes con cáncer de ovario resistente a platino?

R. El objetivo del estudio era comparar la tasa de respuestas de PM1183, del 30,3 por ciento, con el tratamiento estándar, que da la casualidad que también es topotecán. También medimos la SLP y la supervivencia global (SG) —18 meses con PM1183 frente a ocho meses con topotecán—, pero este no era el endpoint del trabajo y la muestra es relativamente pequeña. Quizás esto lo hace más significativo todavía porque es difícil encontrar diferencias estadísticamente significativas con tamaños muestrales de 60 pacientes distribuidos en dos brazos, pero estos resultados hay que tomarlos con un poco de cautela ya que, con que aparezca un solo evento, pueden producirse diferencias importantes.

P. Volviendo al CPM, ¿tienen pensado ya el diseño del ensayo en fase 3?

R. El protocolo final no está. A día de hoy la idea es incluir 600 pacientes —el ensayo anterior en fase Ib constaba de 21—, pero todavía puede surgir algún indicio que nos haga variar el tamaño muestral para estar más seguros. Asimismo, la idea es restringir el reclutamiento a Europa y Estados Unidos, pero esto será según vayamos viendo.

P. ¿Se han registrado efectos adversos de importancia?

R. El perfil de seguridad está muy bien definido y los efectos adversos son prácticamente en exclusiva hematológicos. Los oncólogos están muy habituados a controlar este tipo de efectos adversos tanto con estrategias de reducción de dosis como con la inclusión de factores estimuladores de colonias, lo que hace que los pacientes puedan seguir el tratamiento perfectamente.

P. ¿Tienen previsión de entrar en el campo de inmunooncología?

R. Nosotros tenemos muy clara nuestra estrategia y así va a seguir de momento: buscamos fármacos con actividad antitumoral a partir de muestras marinas. Muchas veces hemos visto que nuestros fármacos, además del efecto de unión al ADN, también tienen efectos colaterales en el microambiente del tumor que contribuyen a esa actividad antitumoral. Precisamente muchos de estos mecanismos relacionados con el control del ambiente del tumor tienen que ver con aspectos inmunológicos. Por ejemplo, sabemos que trabectedina tiene efectos importantes sobre los macrófagos y que estos macrófagos segregan unas sustancias que logran, mediante mecanismos inmunológicos, que no sobreviva el tumor. Así que en realidad nosotros ya estábamos ahí. Ahora bien, pensamos que tanto la innumnooncologia como las terapias dirigidas a dianas son un tipo de investigación complementaria que nunca va a sustituir a la clásica. Sabemos que estos fármacos inmunoterápicos van a ser muy útiles en algunos tumores, pero también sabemos que hay otros muchos tipos en los que estos fármacos no van a tener eficacia.

P. Además de estos dos focos de investigación, ¿en qué más se centran?

R. Tenemos otra molécula, PM184, con la cual hemos terminado la fase I. Una vez definida tanto la dosis como el esquema óptimo de tratamiento, vamos a empezar inminentemente un estudio en fase II en cáncer de mama y otro en cáncer colorrectal. Además, tenemos un programa muy ambicioso de combinaciones de PM1183 con otros tratamientos antitumorales para llegar a más indicaciones o lograr su uso en estadios más precoces. Aquí tenemos nueve ensayos clínicos en marcha.

Es llamativo que, con PM1183, las respuestas completas aparecieran en el 10% de pacientes con CPM”

Tenemos muy clara nuestra estrategia
y así va a seguir: buscar fármacos antitumorales en muestras marinas”

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