Un paciente con VIH y patología mental “pide” otro abordaje

Gesida acaba de presentar el primer documento de consenso en Europa para un tratamiento diferenciado
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18 sep 2015 - 16:00 h
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Aunque sería impensable no atender a una persona que llegara a consulta con un dolor precordial, no sería tan raro pasar por alto el llanto espontáneo de una paciente. Una situación que podría esconder una depresión y que, sobre todo en sujetos con determinadas patologías, puede significar un verdadero problema. Por ejemplo, en VIH, existen numerosos estudios que muestran que aquellos pacientes con comorbilidades psiquiátricas tienen un peor cumplimiento terapéutico de la terpia antirretroviral (TAR), lo que se traduce en un mayor riesgo de contagios.

De ahí que el Grupo de Estudio de Sida (Gesida) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (Seimc), en colaboración con la Secretaría del Plan Nacional sobre el SIDA, la Sociedad Española de Psiquiatría y la Sociedad Española de Infectología Pediátrica, hayan elaborado un documento de recomendaciones para un abordaje diferenciado de aquellos pacientes con VIH y comorbilidades psiquiátricas. Se trata de la primera publicación de estas características en Europa, señala Jordi Blanch, jefe de Sección del Centro de Salud Mental del Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona y uno de los coordinadores del documento, quien sí apunta a la presencia de dos capítulos dedicados a patología psiquiátrica en las guías europeas para el tratamiento de pacientes con VIH. Pero, al margen de eso y de una “mini guía muy práctica para médicos publicada en España hace unos años”, apunta Blanch, no hay nada más en este sentido. En América, en cambio, sí que existen numerosas publicaciones en este sentido.

El objetivo principal del documento es que los médicos internistas conozcan los aspectos más esenciales del tratamiento de pacientes psiquiátricos, para que ellos mismos sean capaces de tratar al menos a pacientes más leves, con depresión o ansiedad, y solo tengan que derivar a centros de salud mental a pacientes más complicados como, por ejemplo, aquellos con esquizofrenia o trastorno bipolar. “Entendemos que no puede haber unidades especializadas en psiquiatría y VIH como la del Clínic en todos los hospitales, sobre todo en los más pequeños, pero sí pretendemos que los médicos tengan información actualizada y formación continuada”, apunta Blanch.

Uno de los problemas principales que aparecen a la hora de tratar a estos pacientes es el diagnóstico diferencial. ¿El paciente no duerme porque está deprimido o ansioso o porque la TAR le está afectando al sueño? ¿Este paciente tiene depresión o el tratamiento está afectándole a la tiroides? “El abordaje del tratamiento va a depender del origen de los síntomas”, apunta este especialista, que señala que identificar esto es complicado. Asimismo, en el documento se establecen diferencias en el tratamiento de pacientes psiquiátricos que se infectan versus sujetos sanos con una patología psiquiátrica debida a la reacción emocional tras la noticia o a la actuación del virus en el cerebro. En el texto, se señalan también las principales interacciones entre la TAR y, sobre todo, fármacos antidepresivos como los tricíclicos o inhibidores de recaptación de la serotonina como fluoxetina o fluoxamina. Una advertencia relevante teniendo en cuenta que la depresión es, según Blanch, la patología psiquiátrica más relevante entre los pacientes con VIH.

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