Una evaluación más allá de las políticas de salud

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20 jun 2014 - 12:45 h
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A menudo los principales agentes del sector sanitario llaman la atención sobre la necesidad de evaluar los efectos de las medidas para el control del gasto en las instituciones sanitarias. Pero es el momento de dar un paso más allá. La dilatación de la crisis económica provocará una serie de efectos negativos en la salud de la población española, que requiere de un seguimiento exhaustivo continuo.

En los últimos años se ha puesto el foco sobre la adherencia, a causa del copago farmacéutico, pero cuestiones como el paro, el miedo a perder el puesto de trabajo o las dificultades para hacer frente a una hipoteca comienzan a hacer mella en el estado de salud. Son cuestiones que escapan a la órbita de las políticas sanitarias pero que ejercen una influencia demasiado poderosa como para obviarlas. El ‘Informe Sespas 2014’, elaborado por más de 65 especialistas, pone de manifiesto que los primeros efectos se han percibido en un aumento del consumo de medicamentos antidepresivos o en un descenso de los nacimientos. Tras más de seis años de crisis el impacto comienza a dejarse notar en los colectivos más desfavorecidos como los niños, los ancianos y los inmigrantes. Estos últimos se encuentran especialmente afectados por el Real Decreto 16/2012.

Es evidente que las consecuencias de esta crisis, sobre todo en el caso de la infancia, supondrán un impacto negativo sobre el gasto sanitario y la sostenibilidad del sistema. El sector sanitario puede sufrir una sobrecarga en los próximos años si no somos capaces de evaluar y solucionar el problema. Se calcula que alrededor del 27 por ciento de los niños menores de 16 años se encuentra en riesgo de pobreza. Esto se traduce en una nutrición inadecuada así como en una falta de escolarización y un mal ambiente familiar, que pueden derivar en problemas cognitivos.

Ante la inacción de determinadas comunidades autónomas y del ministerio de Sanidad es el momento de que las sociedades científicas den un paso al frente para llevar a cabo, por un lado, esta tarea evaluadora que sirva para identificar los riesgos; y, por otro, para aportar soluciones a los problemas que van a presentarse en un futuro.

Los profesionales sanitarios deben convertirse en un instrumento de presión contra la ceguera y la sordera de algunas administraciones en materia sanitaria.

Ante la inacción de algunas comunidades y del minsterio, las sociedades científicas deben dar un paso al frente

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