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Director de
El Global

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03 nov 2017 - 12:31 h
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<p>Cerrando el círculo en VHC</p>

Echar la vista atrás es siempre un ejercicio de lo más aconsejable para comprobar si realmente estamos caminando en la dirección correcta o si, por el contrario nos hemos desviado del camino previsto. Porque no siempre lo que pensamos que puede estar bien, lo está. En el caso de la hepatitis C, España puede considerarse un país privilegiado, un estado pionero. La incorporación de las últimas innovaciones de Abbvie y Gilead al arsenal terapéutico contra esta enfermedad, destacan todavía más a nuestro país en la lucha por hacer desaparecer una enfermedad que hasta hace más bien poco suponía un serio problema. Y esto es posible gracias al esfuerzo de todos.

Es cierto que la posición de España es privilegiada, pero no hay que perder de vista que todavía quedan 200.000 pacientes por tratar de los que un 30 por ciento no saben que tienen hepatitis C. Por lo tanto, es necesario un último esfuerzo ya no solo en incorporar innovaciones, sino en campañas de información y cribado que consigan que esa patología sea considerada una enfermedad infrecuente. Ese es el objetivo.

Recordar por tanto ahora de dónde venimos en cuanto al abordaje de la hepatitis C me hace acordarme de aquellas primeras negociaciones con la llegada de Sovaldi y Olysio. Del empeño de Alfonso Alonso y Rubén Moreno por sacar adelante el Plan Nacional. Del compromiso de los médicos y de la industria farmacéutica y de los cientos de miles de pacientes que hoy disfrutan de una vida sin hepatitis C. Es cierto que todo se pudo hacer mejor, pero estoy convencido de que todo se hizo bien.

Los datos presentados esta semana en cuanto a resultados en salud no dejan lugar a dudas de que el camino elegido fue el correcto y demuestra, ya de paso, de que es necesario medir la utilidad de una innovación para asegurar la sostenibilidad de los sistemas.

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