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Está claro que lo ocurrido con el Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, para lo bueno y para lo malo, no se repetirá con las CAR-T y resto de terapias CARs
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19 nov 2018 - 08:00 h
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Ya lo dijo Lluis Saurí Romero, economista en el Chief Economist Team de la Dirección General de Competencia de la Unión Europea, en una de las mesas más interesantes de las muchas que se han celebrado en el ISPOR Europe 2018, de Barcelona: en el marco de la política farmacéutica actual, la competencia va a ser esencial para ganar eficiencia en los mercados y asegurar que los sistemas sanitarios puede garantizarse unos mejores precios. El Sistema Nacional de Salud ha aprendido la lección del mejor ejemplo que tiene a mano: está claro que lo ocurrido con la hepatitis C, para lo bueno y para lo malo, no se repetirá con las CAR-T y resto de terapias CARs.

Recién aprobada la actualización del Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C, resulta cada vez más fácil reconocer sus éxitos y sus fracasos. Era un camino que debía darse, y que España recorrió muy dignamente, convirtiéndose en un referente a nivel internacional de cómo abordar la inclusión en el SNS de tratamientos capaces de erradicar una enfermedad. En el lado negativo, como siempre, la negociación y los precios; una situación por la que muchos no quieren volver a pasar.

A punto de ver la luz, las terapias CAR-T industriales no nacerán precisamente con un pan bajo el brazo, sino con la competencia del sector público. Ya lo remarcó el secretario general de Sanidad, Faustino Blanco, durante la presentación del Plan Estratégico de Terapias Avanzadas que ha aprobado el primer Consejo Interterritorial de la ministra María Luisa Carcedo: Sanidad tiene una mano tendida en un proceso de colaboración con la industria, pero con la otra recuerda que el sector público va a ser capaz de lanzar CARs y eso, destacó Blanco, “repercutirá en los costes”.

Es indudable que hemos entrado en una nueva era, que genera tantas expectativas como incertidumbres. Es hora de suavizar estas últimas. Es un justo reconocimiento a la labor de las compañías que llevan años invirtiendo ingentes cantidades económicas y que ahora se enfrentan a la más pura incógnita. Tocará hilar muy fino, empezando por la regulación en torno a estos nuevos tratamientos y los que están por venir, que son cualquier cosa menos habituales y que están regulados como medicamentos, aunque sean mucho más que una pastilla.

Las CAR-T industriales no nacerán con un pan bajo el brazo, sino con la competencia del sector público

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