Cuando el partido no se juega en el campo

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06 sep 2019 - 08:00 h
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La listeriosis es una enfermedad que en condiciones de salud normales tiene pocas consecuencias pero que se nutre de los grupos de riesgo para desprender toda su letalidad. Es en un mal contexto donde esta bacteria campa a sus anchas para complicar el pronóstico. Algo similar ocurre con las políticas sanitarias, que se pueden desarrollar con total normalidad si no se enfrentan a la inestabilidad que provoca el desasosiego de saber si habrá o no un Gobierno y un Parlamento sin las manos atadas.

La Comisión de Sanidad es uno de esos pacientes que la listeria sueña con encontrar. La debilidad de la fuerza parlamentaria se alimenta día tras día mientras no se aclara una formación de gobierno que hoy por hoy no se vislumbra. En la sesión de la semana pasada, la primera o la última de la legislatura —según el positivismo que le acompañe— se percibía el clima desnortado del que no sabe bien qué hace en un lugar determinado. En cualquier otro momento de una legislatura fortalecida hubiera emergido la política que busca depurar negligencias una vez el huracán ha pasado, pero no fue así. Carcedo dio un discurso de datos sin alma y los grupos parlamentarios presentaron una oposición de salón, la justa para salir en la foto.

Una de las razones de tan futil debate parlamentario es que todos los presentes eran conscientes de que su futuro inmediato se estaba decidiendo en otra sala del Congreso. Allí, una delegación de gala socialista (Montero, Calvo y Lastra) esperaban la llegada del equipo negociador de Podemos (con Echenique y Belarra al frente). Cuatro horas dedicadas a hacer el paripé de hacer creer que se hablaba de la última oferta programática del PSOE. Pero es que el problema no va de medidas. Ahí apenas hay diferencias y de haber alguna se arreglaría en el tiempo que se tarda en abrir el documento. Ni siquiera el problema está en esa desconfianza que tanto se alardea por unos y por otros. Es más, el problema tampoco está en que haya más de un partido político en el Consejo de Ministros. Todas esas excusas y alguna más que saldrán sólo son argumentos en disputa para ver quien sale más reforzado de cara a una repetición electoral.

El problema de fondo es que son dos fuerzas políticas que lejos de querer convivir han llegado a la conclusión que su supervivencia sólo está asegurada con la destrucción del otro. Por eso lo más probable es que le toque a los españoles decidir cuál sobra.

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