El reguero de incertidumbre de la investidura fallida

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26 jul 2019 - 08:00 h
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Tras una cruenta batalla toca hacer recuento de bajas y dejar que los médicos traten de suturar las heridas que sangran a borbotones. Es un periodo en el que se suele dejar un luto informativo para no exponer esas heridas a más infecciones pero en el que también hay que apresurarse a dejar constancia de lo vivido en la guerra. Es lo que se conoce popularmente como relato y que tanto nos gusta a los medios de comunicación como a los protagonistas de la batalla. ¿De quién es la culpa? Esa es la pregunta que todos los implicados quieren responder pero que en esta ocasión, ante una ciudadanía hastiada y con ganas de vacaciones, no tendrá tanto efecto. Quizá por ello el candidato a presidir el país no tardó más de un día en contar su visión de los hechos en prime time.

El calendario hace difícil trabajar en el relato. Hay quien lo verá como un problema pero también es una virtud, a menos que el único objetivo sea volver a las urnas. Si realmente se quiere trabajar en la formación de un gobierno no hay nada mejor que la tranquilidad que proporcionan las vacaciones estivales. Pero se trata de trabajar de verdad y no volver a un cambalache en el que los ministerios vuelan como armas arrojadizas. Uno de los más afectados en el proceso de ¿negociación? que hemos vivido ha sido el de Sanidad. Sobre todo porque se no se ha puesto en valor sino como la ‘maría’ de instituto a la que nadie valora. No sólo produce tristeza; también muestra falta de miras y, sobre todo, una profunda hipocresía: la joya de la corona con la que todo el mundo se llena la boca y que a la hora de la verdad nadie valora.

El periodo que comienza ahora será más complicado porque hay que contemplar varias carambolas. Pedro Sánchez ha asegurado que buscará las abstenciones de PP y C’s. El segundo se ha desmarcado porque con ellos ya no va la estabilidad del país sino la búsqueda de liderar la oposición. Algo parecido a lo que hizo Pablo Iglesias en 2016 y que le costó un millón de votos. Algunos dirigentes populares, sin embargo, han abierto una puerta pero su apoyo, aún en forma de abstención, puede dar una excusa a Unidas Podemos de cara a futuras elecciones. Y todo esto conjugado con el cronómetro en contra que tiene ERC para facilitar una investidura. Si las negociaciones llegan a septiembre muy abiertas, el horizonte de la sentencia del ‘procés’ complicará su abstención.

Pedro Sánchez, a estas alturas, debe saber que nunca saldrá en primera votación y que la fórmula será obtener más síes que noes. Si el concurso del PP ahuyenta a Unidas Podemos, el resultados de la votación sería empate técnico. Esto vuelve a dejar la viabilidad del gobierno en partidos nacionalistas o independentistas. ¿Serán estos más sensibles al PP que a Podemos?

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