Superar la burocracia es trabajo de dioses

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07 jun 2019 - 08:00 h
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El exceso de burocracia es uno de los males endémicos de las democracias occidentales. Cuántas veces los ciudadanos nos vemos ante un precipicio cuando toca lidiar con la administración cualquier trámite, por nimio que parezca. La pereza y el desconocimiento se dan la mano para que nos perdamos en el laberinto del sistema. Hasta grandes ‘héroes’ como los galos Astérix y Obélix estuvieron a punto de sucumbir ante una de las pruebas que les puso el emperador Julio César: conseguir salir airosos de la burocracia romana. Una de las caricaturas más hilarantes de los cómics de Gosciny y Uderzo en las que el formulario A-38 fue más difícil de obtener para estos dos personajes que tumbar millones de centurias en campo abierto.

La realidad supera a la ficción en muchos casos y en algunos de ellos la situación no es nada cómica. Los hematólogos Simon Rule y Steven LeGouill han publicado recientemente un trabajo donde evidencian las dificultades burocráticas a las que se enfrentan los investigadores a la hora de diseñar y, posteriormente, desarrollar los ensayos clínicos necesarios para que una innovación terapéutica obtenga su razón de ser: favorecer el pronóstico de los pacientes.

En esta situación existen dos polos que deben encontrar un equilibrio con el fin de evitar que el polo magnético se desplace hacia uno de ellos. Por un lado se debe velar por la seguridad y el anonimato en cada uno de los procesos que rodean a un ensayo clínico. Por el otro, las investigaciones deben encontrar un terreno lo suficientemente abonado para que la innovación llegue a la sociedad lo antes posible. Los dos precursores del trabajo no representan una situación aislada; ni siquiera responde a una especialidad médica que sufra una discriminación especial. Al igual que la hematología, todas las ramas encuentran sus dificultades.

Una de las más afectadas es la oncología, donde los avances son más necesarios dada la incidencia de esta enfermedad y su actual pronóstico en muchos de los cánceres. Además, desde un punto de vista económico, el exceso de burocracia nos está desplazando a un sinsentido que además es muy costoso. Por un lado se argumenta desde las instituciones que no tenemos recursos para financiar al talento necesario para avanzar. Pero al mismo tiempo, el talento que hemos conseguido financiar lo tenemos desperdiciado haciendo papeleo.

En 2015 se promulgó un Real Decreto de Ensayos Clínicos que relajó un poco las exigencias burocráticas. Sin embargo, a la hora de su desarrollo en la práctica real se ha revelado como insuficiente. Que este texto se conciba como un inicio y no como un fin es parte de la solución.

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