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24 mar 2017 - 08:00 h
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<p>La salud del anciano y el envejecimiento saludable</p>

Según las previsiones, el porcentaje de habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará en los próximos años, pasando del 12 por ciento (2015) al 22 por ciento (2050). En el caso concreto de España, las proyecciones apuntan a que esta cifra será del 20,8 por ciento (2060). Nos encontramos, por tanto, ante un mundo que envejece.

Respecto a estos datos, decir, en primer lugar, que la edad no es una enfermedad, ni la dependencia una consecuencia inevitable del envejecimiento. Desde la Sociedad Española de Medicina Geriátrica (Semeg) estamos impulsando la investigación y los recursos dedicados a la Geriatría, como eje fundamental para adaptar el Sistema Nacional de Salud a las futuras necesidades de las personas y contribuir así a prevenir la incidencia de enfermedades como el ictus, del que el 21 por ciento de la población mayor de 60 años está en riesgo de sufrirlo.

Los ancianos tienen necesidades de salud y asistenciales completamente distintas a otros grupos, como los adultos o los niños. Tratarles como lo que no son perjudica su salud y calidad de vida, cuyo principal determinante es la capacidad funcional y no solo la enfermedad. Así, el verdadero reto y objetivo en el anciano es la prevención de la discapacidad, como la provocada por el aumento de los factores de riesgo cerebro-cardiovascular, entre ellos la fibrilación auricular.

El principal reto en el envejecimiento es el mantenimiento de la capacidad funcional y la prevención de la discapacidad. Para ello, se deben centrar los esfuerzos en promover políticas sanitarias para un envejecimiento activo y saludable, libre de discapacidad, a través, por ejemplo, de programas de ejercicio físico muticomponente que prevengan y reviertan situaciones de fragilidad. De manera específica, será importante poner énfasis en la prevención de patologías altamente prevalentes y discapacitantes en el anciano, como el ictus.

Los profesionales sanitarios mejor formados para atender a los ancianos frágiles son los geriatras. Un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), hace un llamamiento urgente a crear unidades de Geriatría. Si antes de nacer estamos en mano de un ginecólogo y en la niñez de un Pediatra, ¿por qué al llegar a la senectud en determinadas comunidades autónomas se limita el acceso a los especialistas de los mayores, los geriatras? Esta limitación no tiene ninguna argumentación científico-técnica y resulta claramente discriminatoria para el anciano.

En definitiva, resulta clave ofrecer a los ancianos una especialidad que, como la geriatría, se centre en sus necesidades y patologías específicas, lo cual no supone un aumento del gasto sanitario, sino más bien al contrario, ya que una vejez autónoma y libre de discapacidad resulta más sostenible que un envejecimiento con dependencia.

Resulta clave ofrecer a los ancianos una especialidad que, como la geriatría, se centre en sus necesidades

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