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30 jun 2017 - 08:00 h
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<p>Ni público ni privado, sumar es lo que importa</p>

La parte sanitaria del Consejo Económico y Social de España indica el cambio del patrón de morbimortalidad, hacia un perfil caracterizado por el predominio de las enfermedades no transmisibles y los accidentes, ha implicado un descenso general de la mortalidad en Occidente a lo largo del pasado siglo. Sin embargo, aun teniendo en cuenta que la mortalidad por ese tipo de causas sigue una trayectoria descendente, la carga de la enfermedad puede ir en aumento debido al envejecimiento de la población, puesto que muchas de esas enfermedades no transmisibles afectan, sobre todo, a personas de edades avanzadas. Con una tasa de mortalidad ajustada por edad de 447 defunciones por cada 100.000 habitantes en 2014, España vio descender en un 1 por 100 la registrada el año anterior, convirtiéndose en el segundo país con mayor esperanza de vida en la OCDE.

La desagregación por causas de muerte refleja un claro predominio de tres grupos de patologías, que responden del 50 por 100 de todas las defunciones, cáncer (27 por 100 del total), enfermedades del corazón (20 por 100) y enfermedades cerebrovasculares (7 por 100). Si se pone el foco sobre el resto de las patologías se observa que más de las tres cuartas partes de las muertes se deben a quince grupos de enfermedades, incluyendo las que afectan a las vías respiratorias, el Alzheimer, la diabetes mellitus, la enfermedad del hígado y el Parkinson, entre otras. A lo largo del último decenio, no obstante, once de las quince principales causas de muerte han descendido en la tasa de mortalidad ajustada por edad. Pero en algunos casos como la enfermedad de Alzheimer, la enfermedad hipertensiva, el suicidio o la enfermedad de Parkinson registraron un claro aumento, siendo especialmente llamativo el caso del Alzheimer, lo que se debe no solo a la mayor incidencia, sino también a la mayor frecuencia en el diagnóstico por el aumento de la sensibilización con esta patología.

Algunas de las causas de muerte registradas son consideradas, como se observa en el estudio sobre los Patrones de Mortalidad en España, «indicadores centinelas» de la calidad del sistema sanitario: hernia abdominal, apendicitis y efectos adversos de los medicamentos. La primera de ellas ha seguido un curso ascendente desde principios de siglo, en tanto que la apendicitis se ha mantenido estable y los efectos adversos de los medicamentos han seguido una clara línea descendente.

Una de las áreas que el Plan de Calidad del SNS contemplaba como prioritarias es la referida a las tecnologías de la comunicación y la información, que incluye entre sus objetivos la interoperabilidad plena de las tarjetas sanitarias, de las recetas electrónicas, así como de las historias clínicas digitales.

Por otra parte convine señalar que la terapéutica debe adaptarse siempre a las necesidades sociales. En ese sentido, la colaboración público-privada se ha convertido en un elemento clave para multiplicar las posibilidades de éxito en el desarrollo de nuevos medicamentos, sobre todo teniendo en cuenta que el proceso de I+D de los fármacos innovadores es cada vez más complejo y costoso. Constituyen una buena prueba de ello los buenos resultados conseguidos a lo largo de la última década por la Iniciativa de Medicamentos Innovadores (IMI), que se lanzó en 2008 con el impulso de la Comisión Europea y la industria farmacéutica innovadora, con un presupuesto de 5.000 millones de euros, y que cuenta con la participación de más de 9.000 médicos e investigadores integrados en 1.500 equipos públicos y privados, así como de una treintena de organizaciones de pacientes de ámbito europeo.

En el caso de España forman parte de IMI un total de 131 equipos de investigación y 13 pymes y compañías farmacéuticas, además de 75 hospitales, universidades y organismos públicos de investigación. Seguro.

La colaboración público-privada multiplica el desarrollo sostenible

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