Blanco llega al ministerio en plena ‘crisis’ profesional

Las condiciones laborales de los profesionales y la inestabilidad sigue sin resolverse
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Madrid
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28 sep 2018 - 14:02 h
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El Ministerio de Sanidad está configurando su equipo. Hace unas semanas, el Consejo de Ministros despejaba la incógnita de quién sería la mano derecha de María Luisa Carcedo. Faustino Blanco volvía así a la primera plana política como Secretario General de Sanidad.

Firme defensor del sistema público de salud y con un marcado carácter conciliador, Faustino Blanco, dejó huella a su paso por la consejería asturiana (2012-2015).

La crisis de la hepatitis C marcó los últimos meses de la agenda de Blanco como, dejando algunas reflexiones dignas de recordar, y que enlazan con las que siguen siendo las grandes preocupaciones en política farmacéutica.

Junto con la entonces consejera andaluza María José Sánchez, Blanco fue uno de los consejeros más activos e insistentes a la hora de solicitar al ministerio, en el marco del Consejo Interterritorial, que habilitara un fondo económico que garantizara un acceso equitativo a los medicamentos innovadores y “una estrategia de control de precios para evitar situaciones de oligopolio en el sector”.

La financiación

Tal y como explicó Blanco en una entrevista a GM, “la financiación tendrá que ser abordada no solo para la hepatitis C, sino para la innovación que viene. En sanidad casi nunca ha habido un fondo de financiación finalista para un aspecto tan concreto. Hay que mirar al futuro y solventarlo entre todos”.

En materia de recursos humanos, en la etapa de Blanco al frente de la Sanidad asturiana, consiguió desarrollar nuevas ofertas públicas de empleo (OPES), y preservar y consolidar el empleo. Algo que le puede servir de modelo para aplicarlo a nivel nacional.

La política de recursos humanos del Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) permitió, como él ha explicado en alguna intervención, incrementar la actividad asistencial y se convirtió en “un factor decisivo para reducir el impacto del traslado de los dos nuevos hospitales sobre las listas de espera”, indicó hace unos años.

Una agenda sin ‘blancos’

Con todos estos antecedentes, el nuevo secretario general llega a un Ministerio de Sanidad con bastantes tareas pendientes.

Una de las más inquietantes es el reciente aviso de una posible rebelión de ‘batas blancas’ (Ver GM nº 707). Asimismo, tendrá que intentar mediar entre el Foro de la Profesión Médica, la Mesa Estatal de Enfermería y lo sindicatos que componen el Ámbito de Negociación —en pleno cruce de acusaciones sobre quién tiene legitimidad para negociar con Sanidad—.

Como telón de fondo: el empleo, heredado del Gobierno Popular y que sigue a la espera de una solución global que palie la falta de estabilidad en las plantillas sanitarias.

Asimismo, los profesionales sanitarios insisten en la financiación. Así, reclaman una suficiente del sistema para “poder atender las prestaciones que los ciudadanos necesitan”.

Entre otros de los eternos asuntos heredados de los diferentes ministros está la gestión clínica, basada —como explican desde la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos (CESM)— en un nuevo modelo asistencial en el que el eje y la autoridad clínica pivotara en el médico.

Con todo, el Real Decreto de Troncalidad también tendría que ver la luz. Aunque la creación de nuevas especialidades es competencia de Ordenación Profesional, la secretaría general de Sanidad siempre ha jugado un papel fundamental en este asunto.

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Los médicos ya han avisado de una posible movilización como Sanidad no retome las negociaciones

Formación
La creación de nuevas especialidades también está en la agenda de la secretaria general de Sanidad

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