“En cardiología, la calidad y la equidad se mantienen en nuestro país”

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06 abr 2018 - 14:12 h
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“Se mantiene una atención buena con estructuras y personal igual o peor que hace diez años”

Mutidisciplinar

“Este cambio supone redefinir qué nivel de formación necesita un cardiólogo en cada materia”

El próximo año se cumple el 75 aniversario de la fundación de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y quieren celebrarlo como se merece. Su presidente, Manuel Anguita, avanza a GM que lo hará de forma conjunta con la Sociedad Interamericana de Cardiología y del Instituto de Cardiología de Méjico. Esta es su visión sobre el panorama actual de la especialidad.

Pregunta. Desde octubre es el presidente de la SEC, ¿tenía una visión acertada sobre la situación de la cardiología en nuestro país o se ha encontrado sorpresas al profundizar?

Respuesta. Creo que la impresión que tenía se ha confirmado. Cuando llegas a la presidencia ejecutiva llevamos dos años como presidente electo, además había sido vicepresidente. Conozco bien la SEC y la situación de la cardiología.

Quizá me ha llamado la atención, aunque era previsible, el grado de trabajo que lleva asumir la presidencia. Pero eso es bueno, porque indica que hay muchas cosas que hacer, que la sociedad está muy viva, y que la cardiología es muy pujante.

P. ¿Cuál es su diagnóstico?

R. En lo positivo, la cardiología española es de mucho nivel, desde el punto de vista científico, asistencial y de formación, no tiene nada que envidiar a los países de nuestro entorno.

Otra cosa muy positiva es que el nivel de la cardiología española no está concentrado en las grandes ciudades. Vivas donde vivas hay una atención cardiológica muy buena. Esto deriva de que la formación de nuestros residentes es muy buena, y es extensible a otras especialidades. Los residentes salen bien formados y van a hospitales de distintos niveles, y la atención que se presta, quizá con menos medios tecnológicos a veces, es muy buena desde el punto de vista científico y práctico.

Calidad y equidad se mantiene en España en cardiología.

También es positivo que desde el punto de vista de la investigación el nivel de la cardiología es bueno. Se publica en revistas de alto factor de impacto. Quizá aquí sí que podríamos mejorar, no es tanto culpa de los cardiólogos como de la organización del sistema.

El sistema sanitario español está muy volcado hacia la asistencia, algo a la docencia, también mejorable, y a nivel de investigación, aunque hay muy buenos investigadores básicos y clínicos, se podría mejorar.

P. ¿Y mejorable?

R. A raíz de la crisis y los recortes, los servicios de cardiología están trabajando de forma absolutamente sobrecargada. Se está manteniendo un nivel de atención bueno, con una estructura, aparataje y de personal que se mantiene como hace diez años, y que presenta incluso valores más bajos.

Eso quiere decir que hay necesidad de aumentar la dotación de personal y de recursos. Hasta ahora se está manteniendo, pero puede llegar un momento en el que se resienta.

P. Uno de sus objetivos al frente del comité ejecutivo es mantener y mejorar la ‘marca SEC’, ¿cómo la perciben los cardiólogos?

R. La SEC es un referente de calidad, una imagen de marca para los cardiólogos. En general, es una imagen muy positiva. De eso da fe que la mayoría de los cardiólogos son socios. De los residentes, que puede pensarse que están más alejados, cerca del 94 por ciento también son socios de la SEC y después se mantienen aquí. Eso habla de que la sociedad les ofrece algo: actividades de formación, becas, proyectos de investigación, etc.

De cara a otras sociedades científicas, la SEC también es un referente.

P. ¿Qué visión tienen los pacientes? ¿Se mantiene el prestigio histórico de la especialidad?

R. Me parece que cuando preguntas a la población sobre las instituciones que mejor valoran los médicos salen entre los más valorados. Los cardiólogos, por aquello de que tratamos el corazón, que es un órgano noble, y por la importancia que las personas otorgan a los problemas cardiacos sigue siendo muy valorados.

P. ¿Y los licenciados en medicina que van a elegir MIR?

R. Entre los médicos que tienen que elegir, cardiología siempre está entre los primeros puestos. El año pasado cinco de los diez primeros números del MIR eligieron cardiología, y 22 de los cien primeros.

P. ¿Se librará cardiología del déficit de profesionales que auguran otras especialidades?

R. Creo que no, va a haber un déficit de cardiólogos. Además, si los cardiólogos nos ocupáramos del tratamiento de todas las enfermedades cardiovasculares, ya lo habría claramente. Hay que tener en cuenta que la insuficiencia cardiaca, por ejemplo, el 60 por ciento de los ingresos son atendidos por internistas, muchos de ellos muy bien formados. Si lo hicieran los cardiólogos, no daríamos abasto.

En cuidados agudos cardiológicos, en el 50 por ciento de hospitales con unidades de agudos cardiológicos no son atendidos por cardiólogos, sino por intensivistas, bien formados y que tratan bien a los pacientes, pero que también deberían estar atendidos por cardiólogos. En Andalucía solo una de estas unidades depende de cardiología.

Van a faltar más, porque las enfermedades cardiológicas están aumentando en prevalencia e incidencia, y va a ir a más.

P. Si se suman las jubilaciones...

R. Entre los 55 y los 65 años hay un segmento de cardiólogos que no es nada despreciable y que nos jubilaremos en los próximos cinco o diez años. ¿Se contrarrestra con los más de 150 residentes que terminan todos los años? Probablemente habrá que aumentar el número de residentes.

P. ¿Cómo debe ser el cardiólogo del futuro?

R. Es uno de los proyectos que vamos a presentar, una especie de libro blanco. Analizaremos la situación de la cardiología en España y ofreceremos propuestas sobre distintos aspectos para la especialidad a medio y corto plazo. Uno de estos aspectos es un análisis de la demografía y previsiones de necesidad. Queremos tenerlo este año.

P. ¿Cuál debe ser este perfil?

R. Ha cambiado mucho. Hemos creado cuatro grupos de trabajo para hablar de estos cambios. Uno de ellos, formación y competencia, tanto en el sistema MIR como en la post-trainning. La cardiología cambia a pasos agigantados, cada vez más técnicas, enfermedades que se controlan y producen otras, etc.

La rehabilitación cardiaca se ha convertido en un pilar básico, todo el intervencionismo percutáneo, etc. arritmias, nuevos fármacos, insuficiencia cardiaca... La formación debe adaptarse a los nuevos tiempos y hay que incluirlo en los programas MIR.

En la Comisión Nacional de la Especialidad estamos haciendo ahora una revisión de los programas de formación y se introducen bastantes cambios.

Con respecto a las competencias, hay que pasar del cardiólogo aislado a un sistema multidisciplinar donde el cardiólogo debe ser el líder que organice la atención a estas enfermedades, pero colaborando y contando con otros especialistas. Esto supone definir qué nivel de formación necesita un cardiólogo en cada materia y qué nivel de formación necesitamos en cada materia y el nivel de especialización.

P. ¿Cómo se puede materializar?

R. Hay que hablar de superespecialidades o subespecialidades. Hasta ahora el único título es el de cardiólogo, pero algunos han orientado su práctica profesional hacia la clínica general, hemodinámica, insuficiencia cardiaca avanzada, agudos, etc. Hay que reconocer esta realidad y oficializarlo, a través de sistemas como los diplomas de acreditación avanzada, por ejemplo, que vamos a proponer.

En investigación, por ejemplo, hay que compaginarlo y hacerlo copartícipe de la asistencia. La recertificación no se ha hecho hasta ahora y también es importante. No habría que demostrar que los cardiólogos se reciclan, pero mi opinión es que la sociedad tiene derecho a que exista esa acreditación. Todo está incluido en este proyecto también.

P. La prevención sigue siendo una tarea pendiente, y más en materia de riesgo cardiovascular, ¿qué falla? ¿Qué más pueden hacer los especialistas?

Hay una infraestimación del riesgo cardiovascular. No sabemos muy bien por qué. La sensación es que la población no percibe estas enfermedades como muy graves. Quizá sea “culpa nuestra” entre comillas. Hace 20 años una persona con un infarto tenía muchas posibilidades de fallecer, ahora no.

Eso hace que los hábitos cardiosaludables que las previenen no se tengan muy en cuenta.

Los hábitos en general no son buenos, la dieta deja mucho que desear, etc. Igual que se hizo una normativa antitabaco habría que meterse con ello a fondo. El déficit de ejercicio es enorme. Todo esto influye decisivamente.

P. ¿Cómo ve un cardiólogo que un colega como Valentín Fuster presida el Consejo Asesor de Sanidad?

R. La Sociedad Española de Cardiología se siente orgullosa del doctor Fuster, tanto por su trayectoria en Estados Unidos y ahora en España, y por el apoyo que ha brindado siempre a la SEC. Tenemos convenios de colaboración con el CNIC y hacemos cursos de formación compartido, programas de apoyo económico a becas del centro. Nos parece que tenerle en el CNIC y en la cardiología mundial es un orgullo.

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