La investidura salta por los aires con la Sanidad inmersa en el ‘cambalache’

El Ministerio se ofreció a última hora por el PSOE pero Unidas Podemos priorizaba la cartera de Trabajo
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Madrid
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25 jul 2019 - 15:17 h
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No se puede resolver en dos días lo que no se ha hecho en tres meses. Y menos aún cuando el asunto a concretar es de tal magnitud como la política integral de un país para sus cuatro próximos años. Lo que se ha vivido esta semana ha sido más un vodevil sobre qué sillones ocupaba cada cual que de las propuestas programáticas a emprender. Y cuando la casa se empieza por el tejado el resultado más común es el derrumbe de la estructura. Porque los sillones, evidentemente, son importantes, pero un gobierno de coalición no puede significar una bicefalia en la que cada uno haga de su capa un sallo.

Las últimas horas antes de la votación que ha dado al traste con la formación de un gobierno ha estado protagonizada por el Ministerio de Sanidad. Esta cartera se ha convertido en una especie de cambalache entre PSOE y Unidas Podemos en las últimas propuestas que ambos partidos han compartido, con los medios de comunicación ejerciendo el papel de notario. Una estrategia que estaba ya centrada en el famoso relato para discernir quién es el máximo responsable del fracaso.

Pero, si uno pide más competencias y el otro no quiere darlas, ¿cuál es el mensaje implícito que conlleva haber jugado con el Ministerio de Sanidad? Pues que ambas formaciones políticas desprecian el papel de este organismo en la acción de gobierno. O, como mínimo, lo consideran secundario dentro del organigrama de un gobierno. Porque mientras esta cartera aparecía y desaparecía de las diversas ofertas y contraofertas el centro de las desavenencias estaba en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. De hecho, la portavoz del PSOE, durante el debate de investidura, Adriana Lastra, llegó a afirmar que al ofrecer la cartera a Podemos el líder de la formación la calificó de “jarrón chino”.

En unas negociaciones que han sido retransmitidas casi en tiempo real (por aquello del relato), las redes sociales se han impregnado de opiniones sobre las carteras ministeriales ofrecidas. Una de las voces que más ha lamentado el mercadeo con Sanidad ha sido el histórico político de Izquierda Unida y portavoz sanitario en más de una legislatura, Gaspar Llamazares. “A mi también me duele el desprecio, desde hace mucho tiempo, a las competencias materiales y potencialidades simbólicas del Ministerio de Sanidad. Decir que personal, farmacia, tecnologías, salud pública no son nada...”, escribía el político en Twitter pocas horas antes de la votación final.

Pero más allá de evidentes políticas que puede y debe desarrollar el Ministerio de Sanidad lo extraño es que esta cartera se vea inmersa en un mercado persa por dos formaciones que tienen en sus programas muchos aspectos sanitarios. Además, y más allá de dichos programas, tanto el PSOE como Unidas Podemos han estado trabajando estrechamente dentro del Ministerio para llevar a cabo políticas con un marcado componente ideológico que ahora parecen desdeñar. Son varias las reuniones que se han mantenido para ver qué formulas se podrían llevar a cabo para acabar con conciertos como el de Ribera Salud en Alzira. La bautizada ‘Comisión Desprivatizadora’ ha sido uno de los ejemplos de más estrecha colaboración entre ambos partidos pero parece que, a la hora de la verdad, los intereses son otros.

Esta negociación se frustra, entre otras cosas más humanas como el ego, por la proyección política que cada partido quiere tener de cara a cuando tocase cambiar de legislatura. Es en ese contexto donde ambos partidos han desdeñado a la sanidad, un error de bulto habida cuenta de los retos importantísimos que tiene el Sistema Nacional de Salud, con una cronicidad creciente motivada por un imparable envejecimiento de la población española.

Cuando se mira al futuro desde un prisma partidista (qué réditos pueden dar las políticas que haga cada cual) se está negando aquello que, supuestamente, se pretendía: un gobierno de coalición para España donde se deberían compartir aciertos y errores más allá de quien haya sido el brazo ejecutor.

¿Y ahora qué?

Con el fracaso de las negociaciones y, por ende, de la investidura de Pedro Sánchez, se abren dos meses para que se pueda conformar un gobierno. Más allá de las dificultades que pueda haber para tal fin, el horizonte también contempla la repetición de elecciones generales para el 10 de noviembre. Durante todo ese periodo el gobierno estará en funciones con la única herramienta del Real Decreto-ley en su mano. Una fórmula muy criticada por todos los partidos cuando están en la oposición pero muy utilizada, sobre todo, en los últimos años en España.

Por su parte, el Parlamento sí que tiene las manos libres para poder actuar. Se deberán conformar las comisiones y el Pleno podrá debatir de aquellos asuntos que se consideren. En cualquier caso, y con el precedente cercano de 2016, este periodo es bastante infructuoso. En aquella ocasión, las iniciativas fueron parte de una campaña electoral por empezar. Y a tenor del último debate vivido, en esta ocasión ocurrirá algo parecido.

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