“Todo lo que empieza es estimulante y ofrece muchas posibilidades de innovar”

RAMÓN PUJOL Decano de la Facultad de Medicina Universidad de Vic - Universidad Central de Cataluña
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Madrid
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31 mar 2017 - 14:00 h
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El responsable de la Facultad de Medicina de la Universidad de Vic - Universidad Central de Cataluña, Ramón Pujol, explica su visión sobre la formación de los médicos del futuro.

Pregunta. ¿Cuándo se materializará finalmente la nueva facultad?

Respuesta. La facultad se va a materializar en el momento en que todas las autoridades nos den luz verde. La previsión en la que trabajamos, antes y después de mi incorporación, es que podamos iniciar la actividad el próximo mes de septiembre, en el curso 2017-2018. Hemos modificado la memoria presentada inicialmente de acuerdo a las alegaciones que nos hizo la Agencia de Calidad Universitaria de Cataluña y estamos pendientes de que se resuelva en unas semanas.

P. Por ahora han solicitado 90 plazas, ¿qué trámites faltan todavía?

R. Así es. Tras la aprobación por parte de esta agencia, son otras instituciones del Estado las que deben dar su visto bueno. Hay algunas instituciones cuya decisión no es vinculante, pero sí es importante tenerla, como puede ser la Conferencia Nacional de Decanos, pero otras sí tienen un carácter vinculante, como la de la Conferencia Nacional de Política Territorial y finalmente el Ministerio de Educación, que es necesario para la apertura definitiva.

P. ¿Consideran entonces que hay espacio para una nueva facultad? ¿Por qué?

R. Hay muchos datos que no son exactamente concordantes, pero en Cataluña conozco bien la situación, porque estuve en las últimas tres juntas directivas del Colegio de Médicos, que ha hecho estimaciones. Los datos son claros y en los próximos años habrá muchos profesionales que se van a jubilar. De aquí a 10 años, a partir de 2027, se va a jubilar el triple de médicos que se jubilarán este año. Es una curva ascendente.

Por otra parte, sabemos que hay muchos candidatos a estudiar Medicina que marchan a países del Este de Europa y van a regresar y terminarán trabajando en nuestro sistema sanitario. Además, casi la mitad de los profesionales que se colegian aquí para trabajar en nuestro sistema sanitario proceden de otras latitudes. Aunque cada uno haga la interpretación que crea oportuna, parece que no vamos a tener un superávit de médicos, sino todo lo contrario si no se toman otras medidas. La situación del mercado permite que se pueda abrir esta facultad.

P. ¿Qué esperan aportar a la formación de los médicos españoles?

R. Tengo la experiencia de la Universidad de Barcelona, una universidad muy tradicional donde he podido ver cosas en el campo de la innovación y el intento por adecuarse a la modernidad. Aquí no vamos a descubrir nada que no se sepa. Lo que sí hay es la posibilidad de desarrollar un proyecto desde sus inicios, y eso siempre es estimulante. Cuando una universidad es muy grande y con muchos años de rodaje es más complejo innovar que en sitios en los que se inicia un proyecto de nuevo. Es lo que podemos aportar a la formación de nuevos médicos. Todo lo que empieza es estimulante y ofrece muchas posibilidades para innovar.

P. ¿Cómo debe ser la formación universitaria en el siglo XXI?

R. Una formación orientada a la sociedad. La universidad debe ofrecer a los ciudadanos profesionales con mucho talento y espíritu de servicio. Una combinación de lo que puede producir dentro de equipos muy punteros que desarrollan investigación y docencia de alta calidad con unas características orientadas al servicio a la población. La educación debe ir de la mano de la sanidad, no se puede ir por detrás en el ámbito educativo de lo que la sociedad y su sistema sanitario están incorporando.

P. ¿Y los profesores de Medicina del siglo XXI? ¿Es difícil reclutar a profesionales con ese perfil?

R. Los tiempos han cambiado mucho y muy rápidamente. He visto una evolución en los últimos años espectacular y el perfil de los profesionales que deben formar a los nuevos médicos también debe cambiar. Hay que aceptar que los grandes maestros que tuvimos nosotros han ido cambiando y dando paso a otros perfiles que aportan otras formas de enseñanza y aprendizaje sin renunciar a la parte buena del pasado.

No hay que renunciar a lo bueno del pasado por mucho bueno que incorporemos de nuevo. Es la eterna lucha entre el humanismo y la tecnología, que nos permite avanzar a gran velocidad, pero no podemos perder el humanismo.

P. ¿Qué necesidades actuales de la población y de la comunidad deben tener reflejo en esta formación?

R. La población en Europa ha envejecido rápidamente y supone un cambio en la manera de hacer del médico. Se van a encontrar con enfermedades crónicas que comportan también discapacidad, dependencia, etc. Es un escenario distinto al que yo vi cuando era joven. Ese cambio debe repercutir en la formación y en la investigación. Hay que saber trabajar mejor en equipo y no desinteresarse por los problemas sociales. Hay un concepto anglosajón, lifelong learning, que define hay que tener un aprendizaje continuo durante toda la vida. Cuanto antes se empiece mejor.

P. Una de sus propuestas es incluir prácticas desde primer año, ¿es una de las carencias de la universidad?

R. El contacto con los pacientes debe hacerse cuanto antes mejor. La Medicina es una ciencia aplicada, pero tiene una parte importante de oficio, que se aprende viendo, tocando... Es importante que los alumnos empiecen a ver lo que es con pacientes o con tecnologías que simulen mucho lo que es el paciente real. Un buen médico no es el que acumula más ciencia, sino el que sea capaz de aplicarlo mejor. La enseñanza práctica no tiene carencias enormes. Todas las universidades, sobre todo a partir de Bolonia, la han aumentado, pero hay que ser más activo en ello.

P. Es doctor en Medicina y especialista en Medicina Interna, ¿qué peso debe tener esta especialidad en la formación de los graduados?

R. Soy internista y he sido responsable también de sociedades científicas y, por tanto, corporativas. La Medicina Interna ha contribuido mucho a la formación en la universidad. Junto a otros generalistas, contribuyen y deben seguir haciéndolo a la formación del médico básico. Los seis años del grado de Medicina irán seguidos de unos años de especialización. Se nos pide que el médico cuando acaben estos años sea un buen médico general, no que sea un superespecialista. La incorporación de otros especialistas ha aportado calidad, pero no ha de ser la ley del péndulo. Hay que formar médicos generales y que la formación vía MIR se encargue de la especialización.

P. ¿Cómo se puede incentivar el interés por la investigación?

R. Otra de las misiones de la universidad es generar nuevo conocimiento. El estudiante debe concienciarse de que es una obligación ineludible de la universidad. Algunos terminarán dedicándose de lleno a la investigación; otros no, pero se debe aprender en los primeros años de formación en el grado. Una estrategia buena es favorecer los programas de intercambio de alumnos y profesores a nivel internacional.

P. ¿Qué mensaje trasladaría a sus futuros alumnos?

R. Ser médico sigue siendo una profesión apasionante. Cada año el número de solicitudes para estudiar Medicina sigue siendo importante. Los ciudadanos siguen pensando que es una gran profesión. Me gusta un término inglés que en español sería escuelas médicas y refleja lo que debe ser una facultad. Los médicos del futuro van a seguir teniendo los principios del profesionalismo médico, que es el contrato con los ciudadanos para darles un buen servicio. Desde hace años lo promuevo en la Universidad de Barcelona y espero poder seguir haciéndolo desde aquí.

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