Reclaman 1,5 millones de euros por el retraso en la atención de un ictus

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31 oct 2018 - 10:22 h
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Todos sabemos que cuando una persona sufre un ictus la rápida actuación es esencial, pero ¿qué sucede cuando la búsqueda de atención médica no es inmediata? Comentamos una sentencia que proviene de una mujer de 45 años que sufrió un ictus de origen isquémico que le dejó secuelas importantes y por lo que solicitó una indemnización de 1.500.000 euros.

A la paciente se le diagnosticó un trombo en la arteria basilar 18 horas después de haber sido ingresada. Sus abogados expusieron que hubo un retraso en la detección de la dolencia y en su tratamiento e intervención quirúrgica, lo que le ocasionó una gran invalidez irreversible. Se alegó que todo pasó debido a que el doctor infravaloró los síntomas que presentaba por ser una persona joven y sin antecedentes. Se solicitó un TAC craneal sin contraste que se etiquetó como normal y, tras haber presentado una nueva sintomatología, se le realizó un segundo TAC donde se observó un engrosamiento de la arteria basilar que podría ser expresión de una trombosis en esta arteria.

Hay que destacar que la paciente acudió a urgencias 10 horas después de comenzar sus síntomas y, teniendo en cuenta que sufría un ictus progresivo, hubiese tenido oportunidad de realizar un tratamiento adecuado si se le hubiese atendido en las primeras horas del episodio. No fue posible en este caso realizar un tratamiento de repercusión vascular. Concretamente, la paciente sufrió un infarto cerebral en el territorio vascular cerebral posterior (oclusión trombótica de la arteria basilar), trombosis con un pronóstico sombrío ya que el 90 por ciento de las veces acaba en fallecimiento del paciente.

Por la misma razón, el hecho de que hubieran transcurrido 10 horas desde el inicio de los síntomas el uso de trombolíticos por vía intravenosa estaba contraindicado, tratamiento que solo puede ser aplicado en las primeras cuatro horas de evolución. En cuanto al tratamiento neurointervencionista en el infarto cerebral agudo, sería eficaz cuando se aplica en una ventana no superior a las 8 horas. Por este motivo, aunque se hubiera realizado un diagnóstico preciso y precoz del ictus cerebral, no se hubiera podido realizar ninguna actuación terapéutica que hubiese podido modificar el pronóstico de la paciente.

Se planteó si la paciente presentó lo que se denomina ictus del despertar. Se sospechó que despertó por la mañana con el ictus, tomándose en cuenta el tiempo que transcurrió desde que se acostó sin síntomas. De esa forma cuando acudió a Urgencias ya había pasado el tiempo de fibrinólisis, siendo las secuelas la consecuencia directa de la gravedad del proceso vascular que padeció.

En la sentencia se demostró que el cuadro clínico que presentaba la paciente en el momento de su ingreso en Urgencias era complejo y que la detección inicial del ictus cerebral por oclusión de la arteria basilar resultaba de extrema dificultad, entorpeciendo también en la detección inicial de ictus cerebral la edad de la paciente, el no presentar la misma ningún factor de riesgo conocido, que la paciente estuviera consciente y orientada en el momento de su ingreso, así como por el hecho de presentarse sin afasia de comprensión, pupilas isocóricas y normoreactivas, sin rigidez de nuca y sin plejias ni paresias en los miembros ni pares craneales.

Continuó la sentencia considerando que el TAC sin contraste fue el correcto y el recomendado en todos los protocolos de actuación, realizándose para diagnosticar la causa de los síntomas de la paciente, que podían corresponden a un infarto cerebral, pero también a una hemorragia, a un tumor o a una encefalitis.

Finalmente, por todos los hechos comentados el doctor fue absuelto. La sentencia señaló que las secuelas que en la actualidad padece la paciente son exclusivamente achacables a la extrema gravedad de la enfermedad que sufrió y en ellas no influyó la asistencia prestada, no existiendo datos objetivos que permitan mantener la acusación de mala praxis dado que, aunque se hubiera detectado en los TAC que la arteria basilar estaba engrosada y ello hubiera llevado a una detección precoz de la enfermedad, las posibilidades de conseguir una intervención sin secuelas eran inexistentes o mínimas.

La sentencia señaló que las secuelas son exclusivamente

achacables a la gravedad de la enfermedad que sufrió

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